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Juan Olivares · Cuando la pintura es el proceso.

La memoria es un artilugio esencial para la construcción del autoconcepto porque la vida está llena de eventos y experiencias. Recordamos esencialmente lo que nos resulta crucial, sin importar si ha sido positivo o negativo. La vida tiene cumbres y también llanuras, y es en esos tránsitos donde nos fabricamos y reconstruimos. El artista Juan Olivares nos guía en una visita a la memoria de sus obras inundadas e intervenidas por el dolor que atravesó Valencia en 2024. Contamos también con un relato visual del fotógrafo Josep Perelló/Xepo, bajo la sofisticada visión y crítica del certero José Luis Pérez Pont.


José Luis Pérez Pont

La Gran Depresión encontró en la producción masiva y en el consumo la fórmula para hacer remontar la economía mundial a partir de la década de 1930. Curiosamente la evolución de ese resorte estimulante del capitalismo ha desembocado ahora en una crisis aún mayor, con el añadido de unos efectos ambientales nunca antes conocidos. Cada objeto, cada producto, cada viaje condensa en sí mismo la representación del potencial destructor de la actividad económica humana, pues no se trata de un objeto, la cuestión es que se cuentan por millones, y no es cosa de hacer un viaje, el problema es que cada vez que viajamos, sea el día que sea, en cualquier medio de transporte que elijamos, a cualquier lugar, encontramos que las estaciones, los puertos, los aeropuertos están repletos de viajeros. Puede que la velocidad tenga mucho que ver en esta alteración de la percepción pues, como indica Deyan Sudjic en su libro, El lenguaje de las cosas, “hoy en día, el acto de ir de compras es el resultado de una aceleración vertiginosa del ritmo al que consumimos. Antes el lujo era otra cosa”. Los criterios para valorar el lujo se han modificado como resultado de una época de superabundancia, su sentido cambió. Lujo era, por ejemplo, “el placer de apreciar la calidad de las cosas materiales hechas a conciencia y con cuidado”, pero para eso se necesita además sensibilidad, una característica humana que se ha visto devaluada en este último periodo de exaltación de la materialidad desprovista de ética. No en vano una parte de la población, con una capacidad media para consumir, no sabe apreciar –por ejemplo- el valor del vidrio soplado a boca, pues cada copa es diferente de la anterior por lo que, habituados ya a la exactitud de los productos realizados industrialmente, entien- den la irregularidad de lo artesanal como una tara en vez de comprender su valor singular. La búsqueda del lujo está hoy más presente que en ningún otro momento de la historia, pues las cifras de los muy ricos se han disparado y el lujo se ha expandido de manera imparable. Cada vez es más difícil concebir objetos tan fuera de lo común como para considerarlos “de lujo”, pues para que su espíritu se mantenga es necesario que las tradiciones que los sustentan se reinventen constantemente.

Los artistas visuales saben mucho de capacidad de reinvención, pues son capaces de mirar la realidad desde otro ángulo y realizar lecturas diferentes de los acontecimientos que suceden a su alrededor. También saben transformarse y hacer evolucionar su lenguaje artístico y las historias que a través de sus obras comparten. Hace mucho que sigo el trabajo de Juan Olivares (Catarroja, 1973), viendo cómo mantiene su esencia mientras avanza y desarrolla otras formas de representación. Es un artista que se expresa a través del dibujo y la pintura abstracta, sin renunciar a intervenir espacialmente mediante experiencias instalativas de gran formato, pero también a través de pequeñas piezas de pintura expandida convertidas en objetos únicos. Para el escritor y crítico de arte John Ashbery, “La pintura abstracta es una forma de poesía visual que nos invita a contemplar la experiencia más allá de las palabras”.

La obra de Juan Olivares se ha ido desprendiendo de capas, en un ejercicio de honestidad que nos invita a centrar nuestra atención en el proceso pictórico, dejando en un segundo plano la idea de la “pintura acabada”. Porque en un mundo tan finalista como el nuestro, con esa lucha constante por lograr metas, a veces pasamos por alto todo lo que hemos ido dejando por el camino, descubriendo con retraso que la maravilla estaba en el trayecto más que en el destino perseguido. Ese punto de reflexión ha llevado a Olivares a reinterpretar sus procesos artísticos, fijando su atención en los aspectos de la preparación para llevar a cabo la obra, haciendo que adquieran por derecho propio ese mismo estatus. Según sus propias palabras, “La pintura está muy cerca de lo que acontece, del fluir permanente de las cosas. Pintar es un modo de experimentar y hacer continuo que ayuda a conocernos”.

Reconocerse en el proceso, saberse parte del todo, ser capaz de activar lenguajes propios de creación y a la vez mantener el rumbo también cuando las fuerzas de la naturaleza arrasan con todo. Seguramente es en la adversidad cuando mejor podemos valorar a las personas y, sin duda, de esa Dana que tan cruelmente azotó Valencia se sacan enseñanzas de dignidad y de lo contrario. Juan Olivares pertenece al primer grupo, el de quienes han sabido interpretar lo sucedido, a pesar de haber sufrido la inundación de su estudio, haciendo que su obra adquiera nuevas y valiosas lecturas. Efectivamente, los procesos marcan y definen quiénes somos, mucho más que esa foto finish que congela el momento al llegar a la meta. Las pinturas de Olivares nos recuerdan el valor inesperado de todo eso que ocurre mientras esperamos que algo ocurra.

JUAN OLIVARES (Catarroja, 1973) se licencia en Bellas Artes en el año 1997 por la Facultad de San Carlos de la Universidad Politécnica de Valencia, realiza su último año de carrera en Bruselas en L´École Nationale Supérieure des Arts Visuels de la Cambre. En el año 2002, el Ministerio de Cultura le concede la Beca de Artes plásticas en el Colegio de España de la Cité Internationale Universitaire de París. Dos años después en el 2004 también es premiado por el Ministerio de Asuntos Exteriores con la Beca de Artes Plásticas en la Academia de Roma. En el año 2007 continúa su formación en The Cooper Union School of Art de New York, ciudad a la que traslada durante los años 2007 y 2008. En el año 2018 y 2019 forma parte de la residencia de artistas en ICCI Jiao Tong University de Shanghái. En 2021 y 2023 es invitado al Symposium Art Diagonale en Austria. Recientemente, durante 2024, vuelve a Shanghái a la prestigiosa residencia de artistas Swatch Art Peace Hotel.

Todo su trabajo conforma un tejido poético que cuestiona los limites formales de lo pictórico y su relación con el espacio que habita. La idea de fugacidad, el paso del tiempo, el rastro emocional que dejan en nosotros algunas experiencias, la incertidumbre, el azar y el descubrimiento están presentes en todas sus obras. En una frase: “Ama la emoción que corrige la regla”.


Texto de José Luis Pérez Pont

Fotografías de Josep Perelló, XEPO

Josep Perelló, XEPO, (Dénia, 1980) creció en la costa mediterránea valenciana y completó sus estudios de foto- grafía en Barcelona. Desde sus inicios, mostró un interés particular por el fotoperiodismo y el universo de los grandes reporta- jes, inspirado por referentes como la agencia Magnum o las revistas de National Geografic. Sus fotografías destacan por una mirada cinematográfica que captura momentos únicos. Las pasiones de Xepo —el arte, la naturaleza y la política— influyen profundamente en su obra, al igual que sus reflexiones sobre la condición humana: cómo nos comportamos, qué creemos y cómo interactuamos.