Con Guillermo Solana llegamos a las alturas de la dirección artística. Guillermo nos ofrece la nobleza de los sabios desde una de las entidades más prestigiosas del mundo, el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza (Madrid), del que es Director Artístico. Acompañamos esta entrevista con imágenes de la exposición de obra de Peter Halley que tuvo lugar en ese mismo museo de octubre de 2024 a enero de 2025.
Ariel Déniz-Robaina
Ariel Déniz-Robaina · ¿Cuándo fue la primera vez que fuiste a un museo? ¿Y qué te pasó en el cuerpo?
Guillermo Solana · No me acuerdo de la primera vez que fui a un museo, pero sí recuerdo tener 15 años y estar en el Jeu de Paume en París, que en aquel momento albergaba la colección de pintura impresionista, con una tía mía. Tengo imágenes muy gráficas de esa visita, como haber visto la paleta de Van Gogh, y diría que fue mi primera exposición. Recuerdo mucho más las visitas con el colegio al Museo de Ciencias Naturales: minerales, animales disecados, dinosaurios… Probablemente porque todo esto de pequeño te resulta más llamativo.
ADR · ¿Y alguien te explicó el museo?
GS · No, no nos lo explicó nadie. Nunca he buscado que me explicaran los museos. No pido audioguías y hago unas visitas un poco salvajes y anárquicas a museos, catedrales o monumentos. Me fijo en algo que me interesa mucho, pero no siempre busco la información al respecto.




ADR · A mí me impactó que mi madre no tuviera ningún interés en visitar el Louvre cuando estuvimos en París. ¿Cómo podemos cautivar de una manera genuina a todas esas personas que no tienen interés en venir a los museos?
GS · En el caso de un museo como el Louvre, lo que atraiga debería ser una imagen, como la Gioconda, o la colección de arte egipcio. Cuando fui por primera vez al British Museum con una tía mía, me impresionó mucho la colección egipcia, la mesopotámica y asiria. Todo esto me resultaba muy impresionante.
Los motivos para visitar un museo pueden ser infinitamente diversos. Pero normalmente es una pieza con tirón. Lo que hay que contar, en general, es que en los museos hay mundos insospechados, que puedes descubrir una infinidad de cosas que te sorprendan muchísimo y que no te lo tienes que tragar todo, que no tienes que tratar de asimilarlo todo. Yo creo que asusta la idea de tener que comerse una enciclopedia, pero eso no es necesario.
ADR · ¿En qué piensas a la hora de plantearte cómo cautivar a nuevos públicos?
GS · Pienso en el público de a pie. No pienso en el Patronato ni en sus miembros, porque ellos – en general – van a aceptar las propuestas que se les hagan. El público no se siente forzado a aceptar algo que no le interese o que no le guste. Es mucho más libre. Yo pienso siempre en el público general: a veces me decepciona y otras veces me sorprende para bien. Un ejemplo: la exposición de la obra de Isabel Quintanilla que organizamos en 2024. Esperábamos que tuviera una buena recepción, pero la realidad excedió nuestras expectativas. La exposición actual de Gabriele Münter está teniendo también mucho más eco entre el público y más visitas de lo que esperábamos, y eso que se trata de una artista muy poco conocida en España y desconocida por completo para la mayor parte del público.
Normalmente, también en el museo sentimos muchas inseguridades. Cuando algo no es conocido por el público, tendemos a pensar que va a fracasar. A veces he dicho que pensaba que el público siempre quería ver lo mismo. Y tiene algo de verdad, porque a veces el público parece adicto a ciertos temas. Pero también da sorpresas y, de pronto, un artista poco conocido prende muy bien y tiene mucho éxito. Siempre hay un momento de incertidumbre, eso sí.



ADR · ¿Cuál es la decisión de la que te sientes más orgulloso desde que entras en esta institución?
GS · Me siento orgulloso de haber traído el realismo de Antonio López o de Isabel Quintanilla porque, a priori, no es un estilo que forme parte del ADN de este museo. Se suponía que el Thyssen debía organizar exposiciones de clásicos modernos. Desde Manet hasta Mondrian, de la mitad del XIX a la mitad del XX. Y hemos trabajado mucho ese siglo. Pero con el realismo español – que gusta mucho al público – nos hemos salido tranquilamente de la línea tradicional. También con lo contemporáneo, que tampoco estaba a priori previsto en esta casa y que ha entrado de la mano de Francesca Thyssen, que dirige todo un programa dedicado al arte contemporáneo comprometido con cuestiones ecológicas. También ha llegado el arte contemporáneo con la colección de Borja [Thyssen] y Blanca [Cuesta], y con exposiciones de artistas españolas que trabajan con cuestiones de género, con una serie de performances. El arte contemporáneo ahora tiene una presencia mucho mayor, alrededor de un 40% de todo lo que se hace. Esto no estaba en absoluto en la agenda del Thyssen cuando yo llegué aquí. En aquel momento, el Thyssen era un museo de Caravaggio, de Monet, de Gaugin, pero que no se adentraba más allá de la primera mitad del siglo XX.
ADR · En este número de Grand Alma Book incluimos también una entrevista con Paco Calvo, experto en inteligencia vegetal. Se trata de una nueva corriente científica. A mí me viene a la cabeza la imagen de Tita Thyssen abrazada a un árbol para defenderlo de la tala. Es algo que se ha convertido casi en folklore español, pero también me parece muy potente y futurista porque ella fue muy futurista en aquel momento con su postura de defensa de los árboles.
GS · Es algo presente en sus casas, con la importancia que da a sus jardines. Aquí en el museo, en la cuarta planta, hay un jardín de bambú, y esto es un detalle muy propio de Tita. Tenemos magnolias en el jardín exterior, las plantas en el hall de entrada. La vida vegetal es muy importante en este museo.
ADR · Paco Calvo realiza investigaciones apasionantes. Por ejemplo, ahora estudia si las plantas sufren jet lag. Cuando le pregunté qué planta, en su opinión, representaba mejor la idea del lujo, respondió que la palmera datilera. Y por eso en este número de la revista incluimos representaciones de la palmera realizadas por diferentes autores. ¿Hay palmeras en el Thyssen?
GS · Me viene a la cabeza Matisse, pero también hay en Mata Mua deGaugin, en La pequeña palmera de Raoul Dufy.
ADR · Si pensamos en tu faceta previa, Delacroix, Baudelaire… ¿Hay algo de ellos que te parezca de actualidad?
GS · Si algo define a Delacroix y a Baudelaire es la pasión y el color. No son muy actuales en el sentido de que defienden la gran pintura, una concepción del arte que puede resultar antigua para mucha gente. Pero lo que sí resulta totalmente actual es que su concepción del arte es pura pasión y es puro color. El arte visual lo necesitamos en gran medida por el color, incluso cuando está ausente. Necesitamos el color como un alimento – como un alimento del alma – aunque suene cursi, sin entrar en su dimensión terapéutica. El color es inagotable y transmite, como la música, todo un mundo de emociones, de sensaciones.
