Ariel Déniz-Robaina
Si las plantas nos proporcionan viajes tan excepcionales y si ya representan el epicentro de la psicoterapia más eficaz del futuro, quizás debamos detenernos para tratar de comprenderlas mejor. ¿Y si las plantas fuesen más inteligentes de lo que jamás hemos imaginado? Recorremos el mundo en busca de uno de los mayores referentes mundiales en la investigación científica sobre inteligencia vegetal y lo encontramos en España. Paco Calvo conversa con nuestro director sobre la mente de las plantas y los nuevos paradigmas que traerá esta fascinante disciplina científica.
Ariel Déniz-Robaina · Eres catedrático de filosofía de la ciencia. ¿Cómo llegas al mundo de la inteligencia de las plantas? ¿Cuándo fue la primera vez en que tuviste el pálpito de que aquí había algo?
Paco Calvo · Cuando terminé mi tesis, allá por 1999, existía el debate de si la cognición, la inteligencia humana, se puede entender en términos representacionales y computacionales, o en términos no representacionales y no computacionales. O sea, se discutía si hace falta apelar a la idea de constructos, de símbolos en nuestra cabeza o de seguimiento de reglas. Mi intuición iba justo en contra de esa premisa. La cognición puede no tener que ver con el seguimiento de reglas ni con la manipulación de símbolos. Yo necesitaba un contraejemplo, pero en aquel momento no lo podía llegar a articular.
Empecé a imaginarme ejemplos, en aquel momento de tipo filosófico. Imagínate un girasol, una planta que pudiera seguir siendo competente en su seguimiento de la trayectoria solar a pesar de que hubiese una oclusión temporal de la luz. Entonces habríamos encontrado un contraejemplo, porque la planta sigue siendo competente, pero según la visión ortodoxa no hay una representación mental, porque la planta no tiene neuronas, ni cerebro. Entonces, ¿cómo lo logra?
Esta pregunta quedó en mi tesis como un fleco suelto. Pero entre 2002 y 2003 ya me encontré con ejemplos de plantas capaces de reorientarse durante la noche, en ausencia de sol, para estar por la mañana listas para hacer fotosíntesis. Este es uno de los ejemplos que menciono en Planta Sapiens.
Ese patrón de reorientación nocturna plantea un reto al modelo cognitivista: la planta cumple con los requisitos, pero no diríamos que tiene representaciones mentales. Para mí, la conclusión fue que todos los seres vivos estamos en el mismo lado: en el lado no representacional y no computacional.
ADR · Hay algo de fotosíntesis humana en el hecho de buscar los rayos del sol y en el placer de sentir la luz. ¿Se trata, tal vez, de una versión más compleja, más hábil en cuanto al movimiento, para recibir luz solar frente a lo que puede hacer una planta?
PC · Entiendo lo que quieres decir, pero yo no lo comprendo en esos términos. Hay algo que todos los organismos compartimos, pero esto no quiere decir que tengamos que meter a una forma de vida en el molde que proporciona otra forma de vida. No tenemos que tratar de parecernos a una planta, pero tampoco tratar que la planta se parezca a nosotros. Hay que entender cada forma de vida en su idiosincrasia y comprender lo que nos une a pesar de lo que nos diferencia.
ADR · Pero sí compartimos el hecho de ser inteligentes.
PC · Cuando hablamos de cognición, no debemos cometer el error de intentar entenderla como un fenómeno intracraneal, como si el secreto de la inteligencia residiera dentro de la cabeza. Eso es justamente lo que hace la neurociencia cognitiva al pensar que, si se desentrañan los misterios del cerebro, se comprenderá la mente. Para mí, la clave está en hacerlo al revés: empezar por entender no qué pasa aquí dentro, sino qué pasa ahí fuera.
Lo que todos los organismos compartimos es el planeta Tierra. Esto significa que hay elementos regulares y que todos hemos evolucionado para ser sensibles a esas regularidades. En términos simples, el sol sale y se pone para todas las formas de vida, pero no hacemos lo mismo con el sol.



ADR · Y compartimos mucho con los demás seres vivos.
PC · Claro. Otro elemento que compartimos con el resto de organismos son los relojes circadianos, unos osciladores moleculares que dictan el tiempo en la escala del individuo. Hay un director de orquesta en las plantas y los animales, que se llama reloj maestro y sincroniza el resto de osciladores moleculares.
Eso sí lo compartimos. No quiere decir que tengamos el mismo tipo de reloj, sino que tenemos la misma necesidad de seguir las regularidades planetarias. Lo que compartimos no es el sustrato neuronal, porque las plantas no tienen neuronas, sino la casa que habitamos y las pistas que esta casa nos da.
ADR · En Planta Sapiens dices: “La información que guía al crecimiento y la conducta de las plantas a menudo tendrá que ser información sobre el futuro. Si el crecimiento quiere ser funcional, deberá ser anticipatorio”. Háblame un poco de esto.
PC · Justo ahora trabajo en un proyecto sobre el jet lag vegetal. Inducimos jet lag a una planta cambiándole el fotoperiodo. Cuando se tiene que hacer de noche y, de repente, cambiamos las luces en la cámara y no se hace de noche, se altera a la planta de igual manera que un animal sufre jet lag tras un viaje largo en avión. Las plantas también sintetizan su propia melatonina. Entonces, anticipar resulta fundamental. En este proyecto lo que estudiamos es la nictinastia, el fenómeno por el que las plantas pliegan sus hojas cuando se pone el sol. Este fenómeno es anticipatorio, ya que las plantas pliegan sus hojas antes de la puesta de sol. Es decir: se van a la cama antes de que se ponga el sol. Por la mañana, cuando sale el sol, ya están desplegando las hojas. Hay una anticipación que se produce porque se basa en regularidades.
Volvemos al hecho de que compartimos un mismo planeta. Si no hubiera regularidades en nuestro entorno, no podrían haber evolucionado sistemas de detección precoz. Ser capaz de anticipar es fundamental. Nos habríamos extinguido si funcionáramos de manera reactiva: algo me pasa, pienso qué hacer y reacciono. En realidad, tenemos que actuar de manera proactiva, por adelantado, predecir el futuro, ser capaces de saber que me van a comer antes de que me coman. Con las plantas ocurre lo mismo; todavía más, si cabe, por el hecho de ser sésiles. Si su forma de vida es tan lenta, aún es más importante ser capaces de anticipar, porque no pueden tener reacciones como nosotros y decir: “me da tiempo a escaparme”. Entonces, claramente necesitan mecanismos de anticipación.
Tenemos que actuar de manera proactiva, por adelantado, predecir el futuro, ser capaces de saber que me van a comer antes de que me coman.
ADR · He leído acerca del modo en que los árboles se comunican en el bosque. Por ejemplo, un árbol que está contagiado, se lo comunica a los demás árboles a través de toda una red formada por las raíces, algo que está comprobado y demostrado. Pero nunca había escuchado que existiese una comunicación aérea entre una planta y otra. ¿Pueden las plantas comunicarse entre ellas, indicar una maceta a las macetas vecinas que hay un peligro y que deben prepararse?
PC · Está más que demostrado que hay comunicación social. Las plantas están constantemente hablando entre ellas, mandándose señales químicas por el aire, con compuestos volátiles orgánicos, a través de las raíces con conexiones simbióticas con redes de micorrizas… No paran de hablar.
ADR · ¿Pero hay evidencia científica de que plantas de diferentes especies se comuniquen entre ellas?
PC · Sí. Constantemente. Las plantas reconocen a congéneres y a plantas de otras especies, y hablan entre sí.
ADR · ¿Y podría haber un salto hacia otros organismos? Es decir, ¿es posible que las plantas, aparte de comunicarse entre especies de plantas, también se puedan comunicar con otros organismos?
PC · Sí, lo hacen. Por ejemplo, hay plantas que, cuando están siendo atacadas por un depredador natural – una abeja, por ejemplo – emiten una señal química que atrae a la avispa, que es la depredadora natural de la abeja. La planta llama a su guardaespaldas.
Hay plantas que controlan la concentración de cafeína que segregan y la alteran selectivamente para que ciertas hormigas sean adictas a esa cafeína o no, según les convenga. Proporcionan cafeína a las hormigas, que se sienten atraídas por esa planta en concreto. ¿Para qué? Un tallo cubierto de hormigas es menos apetecible para un herbívoro, con lo que la planta se protege. Si la planta quiere librarse de las hormigas, reduce la concentración de cafeína para que los insectos se vayan a otra planta a buscar su dosis.
ADR · En Planta Sapiens mencionas una enorme cantidad de ejemplos de inteligencia de las plantas. Si pensamos en la selección que el ser humano ha hecho con otras especies – por ejemplo, con los perros – vemos que hay ciertas razas caninas que han desarrollado muchos problemas físicos justamente por esa selección humana. ¿Será que las plantas que viven en un vivero, o en un invernadero, son “más tontas” que las plantas silvestres?
PC · Sí, absolutamente. A las plantas las hemos domesticado desde Mesopotamia: es lo que llamamos agricultura. ¿Son menos inteligentes por este proceso de domesticación? Veamos. Una planta vigila y se adapta a su entorno mediante patrones de crecimiento: una planta crece y busca cosas que necesita. Una tomatera a la que el agricultor le coloca una caña para que trepe, a lo largo de miles de años de evolución y selección humana, ha disminuido la distancia entre los nodos de su tallo porque ya no necesita alargarse para buscar apoyo. No tiene que buscar por dónde trepar porque el agricultor se lo coloca y se lo pone cerca. Recibe comida, nutrientes, abono, se le garantiza acceso a la luz solar, se le quitan los vecinos molestos, las malas hierbas. Sin embargo, una planta silvestre tiene que valerse por sí misma: la distancia entre nodos es más larga, su patrón de crecimiento es distinto. Una planta cultivada por un ser humano no tiene que ser tan larga porque no le hace falta monitorizar su entorno. Una planta silvestre sí necesita controlar más variables de su alrededor.
ADR · Podríamos decir que el sabor de un tomate silvestre es mejor que el de un tomate proveniente de la agricultura intensiva. ¿Crees que también nutricionalmente son mejores las plantas silvestres que las domesticadas?
PC · Son aspectos distintos. Debemos distinguir la planta como sujeto y la planta como objeto. El problema de la ingeniería agrícola es que se aproxima a la comprensión de la fisiología vegetal desde la perspectiva de la planta entendida como recurso para nosotros: cómo podemos modelarla para que nos proporcione lo que necesitamos en cada caso. Eso es entender la planta como objeto. Y está bien. A mí me encanta comerme un buen tomate, un buen fresón y tomar un buen vino.
Otra cosa es entender la planta como agente, como sujeto independiente de nosotros. El problema es que pensamos en las plantas desde una visión antropocéntrica, como un recurso que se puede explotar. Para pensar en la planta por sí misma, tenemos que hacer un ejercicio de imaginación. Ese es el gran reto humano a la hora de valorar a las plantas: olvidarnos de nosotros mismos.
ADR · Una de las tesis que tú propones en tu libro es que las plantas tienen una representación sobre el mapa del terreno, que comprenden el entorno. Es una afirmación interesantísima.
PC · La tesis que planteo en Planta Sapiens es que el sistema vascular de una planta se puede entender como un sistema de procesamiento de información. Lo que para los humanos puede ser aprenderse el mapa de una ciudad para saber por dónde circular y cómo llegar a un sitio, en el caso de las plantas, este manejo se consigue con el sistema vascular, que es su equivalente funcional a nuestro sistema cortical y el que permite que la planta desarrolle la misma funcionalidad que un animal con sistema neuronal. La planta no tiene ni cerebro ni neuronas, por supuesto, por sí posee un sistema de procesamiento de la información que explota recursos para interactuar con su entorno. Estudiamos los correlatos vasculares, pero el principio es el mismo: es procesamiento de información.
ADR · Y siguiendo con este correlato entre plantas y animales, ¿las plantas duermen?
PC · Para responder a esa pregunta hay que partir de qué es dormir para el conjunto de organismos vivos. Si hay algo que tienen en común todos los seres vivos es la necesidad de descansar, de reparar ADN. Cuando dormimos, el cuerpo no se detiene. Por ejemplo, la consolidación de la memoria a largo plazo se realiza mientras duermes. En esta visión consumista y productivista de la existencia en la que estamos embarcados, entendemos el dormir como una pérdida de tiempo. Pero dormir es vivir.
En el caso de las plantas, podemos volver al experimento de la leguminosa con jet lag. A nosotros nos cuesta entenderlo como dormir, pero cuando pliegan las hojas, están descansando.
ADR · Si las plantas duermen, ¿hay plantas que ronquen?
PC · No me esperaba esa pregunta. En cualquier caso, es necesario transformar la cuestión para evitar antropomorfizar a las plantas, para no ver a las plantas desde una perspectiva humana. Es un riesgo habitual con la terminología. Debo traducir la pregunta a un marco neutral. Por ejemplo: la manera de descansar, ¿se manifiesta de maneras distintas en diferentes plantas?
entendemos el dormir como una pérdida de tiempo. Pero dormir es vivir.
ADR · Aún a riesgo de caer en la perspectiva humana que mencionas, si hay un trastorno bipolar en humanos, ¿es posible que también exista un equivalente en las plantas? ¿Existe una psicopatología de las plantas?
PC · Eso resulta muy interesante. En el caso de una planta, para buscar el equivalente a una planta “mentalmente sana”, debemos ir a un bosque primordial, es decir, un bosque originario donde no ha habido actividad humana. Imaginemos una planta que habita en uno de esos espacios. Una planta “mentalmente sana” es una planta que se encuentra en un entorno en el que está perfectamente adaptada y todo está autorregulado en su ecosistema. Si comparamos esa planta con una planta domesticada, veremos muchas diferencias entre ellas y en sus patrones fenotípicos.
Estamos acostumbrados a ver plantas en entornos urbanos que creemos que están bien, sin darnos cuenta de que verdaderamente están mal. Por ejemplo: un árbol no ha evolucionado para crecer debajo de una farola. La luz de la farola resulta igual de molesta para el árbol que para nosotros si quisiéramos dormir. Los árboles necesitan oscuridad, como nosotros. Estamos tan acostumbrados a ver plantas en nuestro entorno que nos hemos olvidado de que esas plantas no son objetos, sino agentes de su propia vida.
ADR · Una pregunta a Paco Calvo como persona, no como científico, si es que es posible separarlos: ¿prefieres que te regalen flores o plantas en maceta?
PC · Prefería que no me regalaran ninguna de las dos cosas. Una planta en maceta es una planta enjaulada. Y un ramo de flores es un manojo de aparatos reproductores. Para mí, la regla de oro es la de la intervención mínima. En mi casa, una casa de huerta en Murcia, he ido plantando plantas crasas y cactus desde hace muchos años. Al principio, había muchas plantas que no soportaban un verano murciano, pero las que sobrevivieron han crecido de manera sorprendente. Las plantas no tienen que necesitarnos. Si una planta es dependiente de ti, te vas en verano y cuando vuelves se ha muerto, es que no tenías que tenerla.
ADR · Si asumimos que el alimento que representa al lujo es el caviar, que la bebida que representa al lujo es el champán, la piedra preciosa que representa lujo es el diamante, etc., ¿cuál sería para ti la planta que representa al lujo?
PC · Te entiendo, pero me cuesta muchísimo disociar el concepto de lujo del contexto específico de una comunidad. En una aldea africana, esa planta puede ser una que les proporcione agua. El lujo depende del contexto.
ADR · Y en el contexto de España, ¿cuál sería esa planta?
PC · En ese caso, me quedo con la palmera datilera. Si hay lujo en la cultura mediterránea, sería el dátil de la palmera datilera, un fruto lleno de energía, la bebida energética de los fenicios. Llevar un puñado de dátiles en una larga travesía por mar era todo un lujo. Los dátiles y las olivas son los lujos de la cultura mediterránea.
