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Pedro Alonso: «Estar en paz es mi mayor lujo».

Ariel Déniz-Robaina

La interpretación onírica de la vida está emparejada a nuestra curiosidad de respuestas y a menudo ciertos mensajes solo nos llegan con el raciocinio apagado. Las plantas, que abrazan nuestra vida de maneras muy variadas, fueron el primer vehículo de transformación que tuvo el hombre. Emprendemos ese viaje con un artista arquetipado por la fama pero fondeado por su propia sabiduría interior. Pedro Alonso nos abre las puertas de su carrera y nos revela detalles inéditos de su primera serie documental como director. Nos trae también, en exclusiva, acceso a su obra artística. Actor, escritor, director, productor, guionista, artista plástico… Pedro es una línea de oro luminoso en mitad de cualquier oscuridad. Una entrevista de Ariel Déniz-Robaina con fotografías de Vincent Urbani.

Ariel Déniz-Robaina · Se acaba de presentar en España tu película documental En la nave del encanto, y ya está disponible también en toda Europa, Estados Unidos y América Latina. ¿Cómo lo has vivido?

Pedro Alonso · Ahora, con el paso de los días, estoy más tranquilo. El estreno en México fue algo más íntimo, pero en Madrid sí que me generó un movimiento energético. En los últimos diez años, yo ya he vivido un poco de todo en muchas situaciones diferentes. Digamos que podría haberme acostumbrado a las grandes olas, a la exposición, al estrés, a sostener la presión, pero en esta presentación de En la nave del encanto había algo de otro orden. Y me di cuenta de que no era el vértigo de haber dirigido mi primera película, sino mi propio sentido de la responsabilidad.

ADR · ¿Y cómo has percibido la reacción del público?

PA · La película se enfrenta ahora a un público mucho más amplio, pero sí he notado que la gente sostiene increíblemente la atención. Esto me ha sorprendido muchísimo:  el espectador se abre de una forma muy rotunda con la película y se genera un tipo de conversación que coincide con lo que yo esperaba. Ahora habrá que ver a dónde nos lleva y cómo navega, pero en lo íntimo yo estoy tranquilo.

ADR · Eres un creador: tienes obra plástica, eres intérprete, eres actor, has dirigido un documental, produces, escribes…

PA · Sí, aunque no necesariamente hago bien nada de eso.  

ADR ·  En este último proyecto, En la nave del encanto, ¿cuál fue el momento en el que dijiste: «esto es exactamente lo que yo quería hacer”? 

PA ·  Diría que hubo dos momentos. Es mi primera producción, en la que he trabajado con gente que me quiere bien y que tiene criterio. Uno o dos me dijeron que estaba loco, que me la estaba jugando, que podía ser una catástrofe. ¡Ni se te ocurra producirlo! Tuve que pasar una fase de muchos miedos neuróticos y me los trabajé. En términos de producción, el proyecto lo estuve a punto de hacer de diferentes maneras, y eso generó varias situaciones que me llevaron a darme cuenta de que, para tener independencia editorial, tenía que hacerlo yo solo, como productor. 

ADR ·  Se trata de un proyecto muy distinto a lo que habías hecho hasta ahora. 

PA · En esta profesión sostenerse es complicado: esto es una trituradora de carne en muchos sentidos y, cuando me empieza a ir razonablemente bien, voy yo y me la juego con un proyecto como este. Me enfrentaba a muchos riesgos. Por ejemplo: la presión de llevar un equipo por los márgenes de México a sitios a veces peligrosos, con toda la responsabilidad que eso conlleva. Pero recuerdo un momento durante el rodaje en el que Enrique y yo dijimos: “esto se parece bastante a la vida que queremos vivir”. Teníamos la sensación de estar creando una película en todos los sentidos de la palabra y de que estaban pasando cosas memorables. Ya veríamos más adelante si todo cuajaba o no, pero sentíamos que había un valor muy genuino que nos conectaba con todo lo que nos gustaba: viajar, crear, dirigir la puesta en escena, escribir, fotografiar, autodescubrirse en un país que amo, con gente a la que quiero.

Pensé: “todo esto se parece mucho a la vida que quiero”. Fue una sensación muy plena. 

ADR ·  Y el proyecto también pasa por Galicia. 

PA · En el verano de 2024, me fui con mi montador y con Enrique Baró, a mi pueblo en Galicia, al pueblo con mi madre. Fue una experiencia bellísima estar trabajando en el pueblo, con mi madre por ahí dando vueltas. Un día le enseñé el documental, con todas las dudas de si entendería o no, de qué le parecería, de si se iba a preocupar. Mi madre es una mujer de una familia de clase media convencional, sin referencias para comparar lo que estoy haciendo ahora. Para mi asombro, sólo me hizo una pregunta: “Pero, entonces, ¿esto a ti te viene bien y te ayuda? Le respondí: “Yo entiendo que sí, ¿qué tal me ves tú?”. Y me dijo que me veía bien en este momento, que me veía mejor que nunca.

Esta conversación con mi madre me tocó muy profundamente. Fue la confirmación de que estaba bien hecho, de que era lo que tenía que hacer. 

ADR ·  ¿Alguna vez te ha dicho que se siente orgullosa de ti? 

PA · Sí, me lo ha dicho. Desde que murió mi padre, en mi familia se ha dado un movimiento muy fuerte de reajuste en los afectos. Y yo también he empujado para que esto se produjera. 

ADR ·  Te lo pregunto porque, cuando yo también imagino cuál es el mayor lujo de una profesión, de la mía, pienso en recibir un premio. Y esto me lleva a pensar en mis padres, en cómo se sentirán cuando vean que he hecho algo relevante.

PA · Desde luego. Hay algo muy universal en recibir refuerzo justamente del sitio del que procedes. Yo siento que los últimos años en mi casa ha habido una descompresión, una mayor facilidad para sostenernos los unos a los otros. Hay una corriente mucho más cálida que yo agradezco a mi familia de forma infinita. 

ADR ·  Pregúntame algo que te dé curiosidad.

PA · Me gusta preguntar “qué tal estás” y procuro que sea de forma genuina.  

ADR ·  Estoy ilusionado y con miedo. Y me siento agradecido. Cuando era pequeño, yo vivía en un barrio que daba al mar, pero era un barrio con mala fama y no se podía decir que eras de allí. Yo me asomaba a la ventana y me decía que había otro sitio en el que quería vivir. Y hoy estoy en ese sitio.

PA · Yo me siento muy honrado de estar aquí. Lo que dices tiene mucho que ver con algo que mencioné antes, con sentir “esta es la vida que quiero vivir”.

ADR ·  Ahora, como creador, dispones de más poder porque tienes reconocimiento. ¿Hay algo que estés soñando ahora, desde esa posición, y que te haga ilusión?

PA · Me hace ilusión escribir y llevar la escritura un paso más allá. Yo tardé muchos años en ser capaz de sostener la atención en el tiempo y de llevar los procesos hasta un final. Cuando logré mejorar en este aspecto, pude volver a desarrollar diferentes proyectos a la vez. Alrededor de los treinta años viví una crisis absolutamente imprevisible, una crisis que menciono en el documental y que me dio la vuelta, que me obligó a reconfigurarme. Empecé a meditar, a pintar, a escribir.  En el documental lo digo al principio: yo llevo más de diez años escribiendo mucho. Ahora he acumulado un archivo único y exclusivamente para mí, sin ánimo de enseñarlo a nadie. He leído mucha no ficción, porque siempre he sentido en este género algo que me latía mucho. Lo que más alegría me ha dado ha sido encontrar mi voz narrativa, una voz en la que me reconozco, sin impostura. Para mí, este tipo de escritura es una metáfora de las intenciones que me mueven ahora.  

Lo que más alegría me ha dado ha sido encontrar mi voz narrativa, una voz en la que me reconozco, sin impostura.

ADR ·  ¿Y cómo se combina ser tan conocido en el mainstream y también moverte con comodidad en áreas, en principio, más independientes? 

PA · El mainstream no me supone ningún problema. Como actor, en este momento, soy afortunado y puedo decir que no. Todo lo que hago, lo hago porque he decidido que quiero hacerlo. Me han pasado cosas geniales, aparte de interpretar el papel de Berlín. Acabo de producir y dirigir mi serie documental en Latinoamérica, que tiene un perfil muy distinto a lo que había hecho hasta ahora. Ahora quiero hacer “la jugada de Clint Eastwood”: Clint Eastwood tenía una imagen de marca muy asociada al mainstream y, de pronto, tuvo una inquietud y decidió jugársela y atender a sus otras necesidades. Yo estoy en eso: puedo seguir atendiendo mi parte más pública, más mediática, y también moverme en un espacio de mayor independencia creativa. 

Mi nivel de compromiso es el mismo en el mainstream que en las áreas que toco con el documental. Simplemente, son diferentes zonas de mi jardín sensible. La comunicación me interesa en todos sus frentes: la pintura me ayuda con la escritura, la escritura me ayuda con la interpretación, el mainstream me ayuda con lo independiente. Esto a mí me beneficia. 

Mi jardín creativo no lo quiere todo, y estoy diciendo que no a muchas cosas. Procuro dosificarme para sentir que mi energía fluye de forma saludable y que me permite comprometerme totalmente con los proyectos que acepto. 

Mi jardín creativo no lo quiere todo, y estoy diciendo que no a muchas cosas.

ADR ·  ¿Cuándo fue la primera vez en la que te diste cuenta de que eras famoso?

PA · Me vienen a la cabeza varios ejemplos. Con el éxito de La casa de papel, hubo un momento en el que el reconocimiento público llamó a la puerta y parecía una broma, porque no teníamos referencias para entender lo que ocurría. Y esto nos pasó a todos en el equipo de actores. Fue una explosión de cuatro semanas, una compuerta que se abrió y fue trayendo olas y más olas. Y pensábamos que cada ola iba a ser la última, y al mes siguiente aparecía otra cosa, y luego otra cosa. Pero hay un momento que recuerdo bien, porque me resulta muy cinematográfico: cuando acabamos de rodar La casa de papel, que era una serie nacional, alguien la coloca en Netflix. En ese momento, yo decidí hacer un viaje por Europa, yo solo, porque me sentía agotado. Solo quería ver sitios bonitos y mucho arte. En una de estas, estaba en Florencia viendo el David de Miguel Ángel y me senté en un rinconcito, con el deseo de disfrutarlo, de respirar el momento y vivirlo.  De pronto, una persona se da la vuelta y me mira. Y luego otra hace lo mismo. Y así, una a una, la gente que estaba viendo el David se da la vuelta y me mira. Yo no entendía. Me miran y empiezan a grabarme, a sacarme fotos. Yo no había vivido nada que me adelantase todo lo que iba a pasar. Y en ese momento, ya claramente estaba pasando. En cuatro semanas, el algoritmo de Netflix se vuelve loco y aquello se convierte en un fenómeno que, en muy poco tiempo, hace que toda aquella gente se diera la vuelta, me mirara y me grabara. 

ADR ·  ¿Cómo ha cambiado tu vida?

PA · Tengo que aceptar que algo en mi vida se ha movido de manera intensa, pero también es verdad que me he empeñado en no dejar de hacer nada de lo que haría una persona absolutamente anónima. He hecho un documental por los márgenes de México, he usado autobuses y el metro en Estambul… Sigo haciendo lo que me gusta: llegar a una ciudad, caminar, perderme por sus calles, ir a hacer la compra. 

ADR ·  Recuerdo una vez que estaba con un amigo, un actor muy conocido, en plena Gran Vía en Madrid, sentados, tranquilamente. Y un grupo de señoras llegó, tiraron de él, lo pusieron en la foto y lo soltaron. 

PA · En estos niveles, el problema es la cosificación. Cuando uno lo ha vivido, casi llegas a entender por qué aquel tío se volvió loco, o por qué el otro tiró los muebles por la ventana del hotel. Aparte de lo que cada uno esté viviendo personalmente en un momento de su vida, con sus equilibrios o desequilibrios, no es fácil aceptar que realmente no interesas a la persona que se acerca a ti: no quiere estar contigo, sino que se vea que está contigo. Eres un trofeo, que hoy en día adquiere la forma de selfie. Yo intento sistemáticamente bajar esas situaciones a tierra, atender a la persona, establecer un diálogo. Es muy perturbador ver que alguien no tiene ningún interés en ese diálogo, porque está ciego con la posibilidad de conseguir un trofeo. Si no estás bien centrado, estas situaciones te pueden desestabilizar muchísimo. 

ADR ·  Para terminar, ¿cuál es tu mayor lujo? 

PA · Estar tranquilo. Estar en paz es el mayor lujo, la riqueza. 

ADR ·  ¿Te gusta el caviar?

PA · Sí, me puede gustar el caviar. En la comida, si hay amor en ella, me gusta casi todo.  Me pueden gustar cosas muy sencillas si la materia prima lo vale, por encima de cosas más sofisticadas. Me gusta menos lo artificioso que lo orgánico.

ADR ·  Es que tú eres así: con mucha materia prima y muy orgánico.

Fotografías de Vincent Urbani