Editor

Entrevista a Enrique Baró Ubach

¿Por qué decides embarcarte en este proyecto con Pedro y cómo surge la idea?

Desde que Pedro fue a México por primera vez y entró en contacto, de un modo u otro, con el chamanismo, ya me hablaba de su intención de hacer “algo” sobre este asunto. En toda esta fase digamos de “investigación” (aunque, más bien, la denominaría “experiencial”), Pedro me explicaba aquello que iba experimentando y yo asistía atento a sus explicaciones. Así fuimos estableciendo una conversación que se fue alargando en el tiempo hasta llevarnos a la fase de rodaje, donde ese forcejeo dialéctico entre él y yo se convirtió en el dispositivo que debía dar cuerpo al proyecto. Él experimentaba y, para la ocasión, yo me había armado con un equipo de grabación y captación audiovisual. Así fue como esa conversación constante (entre el adentro y el afuera, entre el delante y el detrás, entre lo que sucede en plano y lo que queda fuera) hizo que la película fuera avanzando, pero también expandiéndose. Una expansión que siguió en la fase de montaje y que nos gustaría que continuara con el visionado.

¿Cuál ha sido, para ti, el momento más fascinante que has vivido durante el rodaje?

Teniendo en cuenta que, por su propia naturaleza, éste es un proyecto fascinante, fueron muchos – y muy diversos – los momentos que podría calificar como tal. Si pudiera, lo que me gustaría sería valorar y reivindicar las cosas fascinantes “por abajo”, las que no apelan a lo espectacular, sino a lo más elemental y, no por ello, menos fascinante. Por ejemplo, la lección de Gabriel y su “Pedro, yo no lo sé todo”. Una lección que, en su simplicidad (y digo “simplicidad”, no “sencillez”) encierra todo un aprendizaje. 

¿Qué le dirías a alguien que no haya visto esta serie documental? ¿Qué te gustaría que supieran antes de disfrutar de ella?

Le diría que apague el móvil y que, al hacerlo, desconecte también su parte más racional, su parte más de aquí y que se abra a otra longitud de onda, otra manera de mirar el mundo. Una manera que apela a aquello que no pasa por el escrutinio de la razón: la entraña, la víscera, la intuición… Palabras que nos han ido arrebatando y que quizás podemos tratar de recuperar, porque nos pueden hacer bien. A ti. A mí. A todos.

Me gustaría que no supieran demasiado. Me gustaría que fueran como quien sabe que vivirá una experiencia pero sin saber cuál. Me gustaría que fueran como quien va a un restaurante a oscuras donde de lo que se trata es de agudizar el sentido. Eso es lo que me gustaría, que se prepararan para “tocar” la película.

¿Qué crees que pasará en los próximos años respecto al uso terapéutico y medicinal de la medicina ancestral que se relata en el documental?

Yo sólo me dedico a hacer películas y realmente soy profano en la materia. Lo que pasará es siempre una incógnita y, si me apuras, esto se agudiza cada vez más. Lo que sí creo es que no podemos hacer oídos sordos a ciertas carencias de las que nuestro cuerpo nos está alertando hace tiempo. Hemos nacido, crecido, sobrevivido en un contexto en el que la medicina no trata de curar, sino de paliar. Y lo hace tapando: “contra esto, pongo esto otro”. El mundo de la medicina ancestral consiste, esencialmente, en hacer lo contrario: en destapar y en plantearse “me pasa esto. ¿por qué?”. Es un proceso más lento y, como tal, somos nosotros los que tenemos que adecuarnos a él y no él a nosotros. Todo llegará a su debido tiempo y sin tenerlo que forzar. Hay que dejar que fluya, como el río.